AUNQUE las situaciones se repiten en el tiempo, últimamente con demasiada frecuencia, no llegamos a acostumbrarnos a que éstas formen parte de un mundo cotidiano que organizan sujetos foráneos para conculcar nuestra idiosincrasia, fuertemente unida a la mar que nos separa y, a la vez, nos agrupa en este Archipiélago Atlántico, al que desde Madrid le usurpan, incluso, la categoría de conjunto de islas por pura e interesada ignorancia. Estamos hartos de acoger visitas gubernamentales que tienen como fin exponer promesas trucadas que, con benevolencia, ofrecen por estas tierras. Un día cualquiera, más pronto que tarde, tendrá que terminar esta situación y el federalismo, que ya se distingue en el horizonte, constituirá la vía idónea para que esta Comunidad alcance el mismo trato que otras autonomías ya reciben en España.
Este Ejecutivo socialista-obrero, que esconde una innegable dictadura donde la Audiencia Nacional ha admitido a trámite un recurso por el que se solicita que el Sr. Zapatero devuelva a las arcas públicas los gastos realizados para fines particulares suyos (esto no ocurre en ninguna democracia), trata a Canarias con una serie de embustes que culminaron en el Consejo de Ministros celebrado en Las Palmas de Gran Canaria hace casi un año. Pero el cúmulo de falsedades reflejadas en aquella reunión prolifera en esos encuentros citados, silenciados por sus compañeros de aquí. ¿Qué, si no, fue el último celebrado por la ministra de Sanidad, arropada por las sonrisas del presidente canario y de la delegada del Gobierno central? Trinidad Jiménez, quien en el último debate sobre el estado de la nación se carcajeó constantemente mientras intervenía el jefe de la oposición, indicativo o bien de carencia de urbanidad (coincidimos con la consejera Roldós), o de sumisión a las consignas del partido para reventar la intervención de Rajoy, vino la pasada semana y volvió a espetar a todo el mundo que ¡no existe ninguna deuda sanitaria con Canarias! Desde todos los partidos políticos canarios, incluido el suyo, se han recordado unos datos que, como tales, son ajenos a siglas e ideologías. Y éstos son claros. Únicamente no los entienden la ministra y la delegada del Gobierno. Desde 1999 hasta hoy, la población en el Archipiélago ha crecido en torno a los 450.000 habitantes, situándonos en la actualidad en los 2.104.000. El Gobierno de las Españas sigue financiando a esta depauperada Comunidad con arreglo a los datos demográficos de aquel 1999. Esto es, a cada canario se le dedica para asistencia sanitaria alrededor de 1.000 euros, mientras que cántabros y asturianos, por ejemplo, reciben 1.400.
La Sra. Jiménez, que ha bebido en las mismas fuentes del Sr. Zapatero y por tanto porta una formidable distorsión de la realidad, afirma, sin rubor, desconocer estas cifras que el Gobierno canario y demás instituciones vienen reclamando inútilmente. Sin embargo, aquí sí se ha atendido en los centros hospitalarios canarios a todos los que han pasado por estas tierras, españoles o no. Parece lógico deducir que la ministra de Sanidad practica los mismos atropellos con Canarias que su jefe, lo que excusa que se la reciba con un rosario de besitos hipócritas (actitud aprobada por muchos y criticada por otros) y se la lleve al hospital de la Virgen del Pino para la foto de rigor. Esta señora niega, o elude, tratar del tema en diferentes foros sanitarios donde se encuentran representantes de nuestra sanidad. ¿Para qué sirven, entonces, los innumerables Consejos Interterritoriales donde asisten todas las comunidades? Ya lo sabemos: para que la ministra ignore la realidad y prosiga con embaucamientos y provocaciones.
No queremos terminar estas líneas sin evocar aquellas hermosas palabras contenidas en un bello panorama dibujado para las Islas: "El Plan Canarias pretende diversificar las fuentes de riqueza de la Comunidad canaria en un contexto de sostenibilidad económica, social y medioambiental". Este mensaje se dio a conocer después del fiasco de la reunión de ministros que, junto a Zapatero, garantizaron a nuestro Gobierno Autonómico iniciar una serie de medidas, medidas que se concretaron en la segunda parte del debate sobre el estado de la nación y que apuntaron al compromiso de dotar al puerto de Santa Cruz de Tenerife del dichoso e imprescindible escáner, entre otras tres propuestas de los neonacionalistas. Buenas intenciones que, inevitablemente, colisionan con el escepticismo predominante, aunque Fomento anuncie no recortar con Canarias. El cabotaje no cree nada hasta que la instalación esté operativa sobre el muelle.
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