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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Deprimidos

28/jul/10 07:45
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VIVIMOS en la época del usar y tirar. Un concepto que no incluye sólo los pañuelos y los vasos de papel, y los platos, los tenedores y hasta a los cuchillos de plástico. El usar y tirar se ha infiltrado en todo; incluso en la palabra dada, que carece por completo de valor más allá de una fecha de caducidad bastante corta. Los pactos políticos, verbigracia, perduran lo que políticamente conviene a quienes los suscriben, pero ni un minuto más; lo cual tampoco resulta extraño, habida cuenta de que la política es lo que es y los políticos son lo que son. Lo extraño, o lo perverso, si se me permite la expresión, es que esa provisionalidad pegajosa lo impregna todo. Las amistades y, por supuesto, los matrimonios han dejado de ser eternos. Nada es trascendente; todo es ligero. Triunfa por doquier el ideal del hombre amanerado; el hombre "light" definido magistralmente por Enrique Rojas en un breve ensayo de ineludible lectura.

Se usan y se tiran las amistades y los matrimonios, pero también los acuerdos sociales y las convicciones personales. No me comprometo a nada porque así no estoy obligado a cumplir nada. Y si me comprometo, tampoco estoy obligado a cumplirlo. Ahí tenemos a un presidente del Gobierno -el Gobierno central- que negaba la crisis cuando el mundo entero estaba en crisis y que ahora, con un 20 por ciento de paro en España y un 27 en Canarias, dice que estamos mejor de lo que pensamos y que pronto lo veremos. Y no vienen los del manicomio, le ponen una camisa de fuerza y se lo llevan.

Una sociedad "light" y mentirosa. Embustera como esos monitores de campamentos juveniles vascos que engañaron a los chicos sobre el resultado del último partido del mundial de fútbol. Además de no permitirles que vieran el encuentro, les dijeron que había ganado Holanda. Defender la independencia de un territorio es tan legítimo como apoyar la opción contraria, pero, ¿y la mentira? ¿Se puede esperar que esta sociedad deje de ser superficial y retorne, en la medida de lo necesario, a la sociedad de nuestros padres y abuelos? Una sociedad aquella, sobra decirlo, también lastrada con muchas deficiencias y autora de muchísimos errores, pero en la cual casi siempre la palabra dada valía tanto como la firma impresa; al menos para los que sabían firmar.

Naturalmente, esta forma "light" de proceder no resulta inocua. Me comenta un psicólogo que tiene la consulta llena de depresivos. Depresivos varones, porque antes eran más bien las mujeres las que pedían ayuda en esas horas bajas que alguna vez afectan a cualquiera. Parece que ahora son los hombres los que más se agobian. Casi siempre hombres relativamente jóvenes que hasta este momento jamás habían tenido un problema serio. Personas que nacieron en una "familia bien", tuvieron una "adolescencia bien", disfrutaron de una juventud mejor, cursaron una carrera que nunca los mató de agotamiento, accedieron a un trabajito adecuado por la recomendación de un papá protector y, durante década y media de abundancia, cayeron en la prepotencia de creerse los amos del mundo porque todo les salía bien. Ahora, a las primeras de cambio, cuando realmente se pone de manifiesto quién es un hombre de verdad y quién una mujer de armas tomar, se disuelven como terrones de azúcar en la amargura de esa sociedad de las falacias que siempre los ha rodeado.

rpeytavi@estrelladigital.es

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