CON RESPECTO a la amplia gama de colores y matices de los vinos rosados, los reflejos evolucionan desde un color frambuesa encendido que poco a poco se aproxima a tonalidades fresa. Un rosado viejo o muy evolucionado, presentará matices salmón o piel de cebolla, apreciándose incluso toques anaranjados. Si hablamos de los vinos tintos, los reflejos violáceos aparecen en los recién elaborados. En su madurez, presentan tonalidades cereza, que darán lugar a colores teja o ladrillo, llegando incluso al marrón cuando ha pasado demasiado tiempo. Así pues, podríamos acercarnos al año de cosecha casi con valorar los reflejos de un vino. El secreto radica en memorizar muchas referencias.
Si valoramos los colores propiamente dichos en los vinos, se ordenan de forma creciente a su intensidad colorante. En los blancos tomaremos como partida el amarillo pálido, seguido del amarillo verdoso, limón, paja, dorado, oro, ocre, ambarino, cobrizo, parduzco, caoba e incluso el caramelo. Para los rosados, comenzaremos con el rosa pálido, rosa violeta, fresa, frambuesa, carmín, piel de cebolla, salmón concluyendo con los rosa anaranjados. En los tintos no es menos curioso, el rojo violeta dará paso al púrpura, grosella, ojo de perdiz, rubí, granate, cereza, carmín, bermellón, teja o marrón. Como pueden apreciar, un arco iris definido y detallado que nos informará del estado de evolución de los vinos. Teniendo muy en cuenta que influyen de forma determinante las variedades con las que estén elaborados, encontrando uvas más o menos oxidativas al paso del tiempo y además el estilo de vinificación empleado. ¡Salud!
Enólogo de Bodegas Torres en Canarias
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