PARA los aficionados a las motocicletas, citar a Inglaterra es transportarnos inmediatamente a un mundo esplendoroso en la construcción de las mismas. Desde ese país llegaron a los más recónditos lugares del mundo las mejores y más duraderas motos jamás fabricadas. La lista de nombres es tan amplia como la de los automóviles, pero para ello baste sólo citar a las Norton, Raleigh, Sunbeam, Triumph, Sun, Royal Enfield, Rudge, AJS, BSA, Brough-Superior, James, Excelsior, etc., para confirmar lo antes dicho.
En el artículo de EL DÍA de esta semana traemos a sus páginas a la legendaria Royal Enfield, marca fundada en 1898 y que en el año 1971 se dio por finalizada su fabricación. Durante este amplio periodo en que se convirtió en el más veterano de los fabricantes ingleses de motos, la diversidad de modelos fue numerosa y a cada una de ellas la siguiente ganaba en calidad y ventajas técnicas, por lo que le permitió mantenerse en los primeros puestos del mercado mundial.
Aunque, repetimos, la plaza de Santa Cruz de Tenerife no fue gran consumidora de este tipo de vehículo, sí podemos decir que su parque motociclista tuvo la suerte de contar con las mejores y más populares marcas, como era la Royal Enfield.
Situándonos en los años 30 del siglo XX nos encontramos que las Royal disponían de agente representante, además de una buena organización de ventas, gracias a la cual se lograron inscribir varias unidades. El responsable de esta labor fue el apreciado Matías Molowny Real, quien desde la calle de Viera y Clavijo, 4, anunciaba las mismas con relativa frecuencia e incluso garantizaba la existencia de unidades en plaza.
A dichas oficinas acudió en el año 1932 el aficionado motociclista César Moreno García, quien adquiere un modelo de 3,4 hp con número de motor 8746 al que la administración le otorga, el día 20 de julio de 1932, las placas de TF-4520. Desde entonces, esta Royal Enfield -pintada de negro como era norma tradicional de todos los fabricantes de entonces- no paró y nunca mejor dicho, pues cuando era propiedad del guardia municipal Severino de la Rosa Díaz, quien acudía a su trabajo diario de motorista con su Royal, y en vista que entre sus proyectos personales estaba ausentarse de la Isla, propone al ayuntamiento que le adquiera dicha moto. El precio fijado fue de 9.000 pesetas, y tras la aprobación del pleno municipal, dado que se necesitaba a la TF-4520 para cubrir debidamente la labor de vigilancia, es entregada y recibida el día 27 de octubre de 1949. Previamente a este trámite burocrático se llevó a efecto una prueba básica mecánica que consistió en arrancar, rodar y frenar; haciendo constar que para una más profunda inspección se necesitaba la mano experta de un mecánico que procediera a su desmontaje.
Desde entonces, a esta Royal, que cambió de propietario pero no de cometido, se le pudo ver rodar por todas nuestras calles hasta que, finalmente, los años de antigüedad pesaban y se procedió a darla de baja del parque móvil. Por fortuna, la misma cayó en manos de buenos aficionados y en la actualidad se le está sometiendo a una profunda restauración, a la cual le deseamos una pronta finalización para verla de nuevo rodar entre nuestros "fotingos", exhibiendo el mismo orgullo de antaño.
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